sábado, 19 de abril de 2014

Media Luna

Querida Amaia:

Aquí te comparto algo que escribí para mi clase de Escritura Creativa, durante el verano que pasé en Buenos Aires en el 2013. Fue inspirado por mi visita a un lugar llamado: El olimpo. Es muy triste la historia de ese lugar. Lloré mucho. Fue demasiado fuerte. A veces, el hombre... No sé, a veces, me desilusiona. No todo el tiempo, Amaia. No todo el tiempo. Somos muchos los buenos. Siempre haz el bien, Tesoro. Simpre trata de transformar una vida. Siempre sonríe al que necesite de tu sonrisa. Y sueña, mi amor, sueña. Vive pensando que el bien SIEMPRE triunfará sobre el mal. Solo necesitamos de una persona para cambiarlo TODO. Piensa que esa persona eres tú. 

Aquí te dejo información sobre el Olimpo.
http://www.institutomemoria.org.ar/exccd/olimpo.html


La de Mayo

Media luna. Me pareció fascinante desde mi primera pisada dentro del Café Gran Victoria, que la luna te la trajeran al plato. Ya no es blanca, sino que parece tostada por el sol. Es mórbida y tiene gran sabor. Se deshace en tu paladar con mayor velocidad, si sutilmente la humedeces en el café con leche. No esperes que te la traigan toda. No esperes que te la traigan llena, porque te traen solo media.
 
El Café Gran Victoria queda justo frente a la Plaza de Mayo. Llegamos allí por pura casualidad o por pura hambre, una de dos. Fue justo allí donde descubrí las incongruencias de la lengua de mis patrias. 

En mi patria, la primera, no existe la palta, no existe el choclo. En ella, al pedazo de luna, dulce y tostado, se le dice crosan. Y es así que a través de unos simples vocablos, reconozco que la lengua es arbitraria y me voy creando una nueva identidad en esta nueva patria, cuya imagen, cuyo sentir y cuya historia transforman mi existencia. ¿Has escuchado del viajero que se siente ser de todos lados? Nos llaman: “Ciudadanos del Mundo”.

Desde el Gran Victoria puedes ver la plaza que tiene una fecha importante para ellos. También ves un obelisco y alrededor de éste, notas una marcas blancas en el suelo. Me dijeron que representan pañuelos. Solamente cuando me dejaron saber qué debía ver, fue que los vi. También supe que todos los jueves, esos pañuelos cobran vida y que caminan por la plaza en los cuerpos de madres y abuelas que le reclaman justicia a la casa de Evita y Perón. Es increíble cómo aun conociendo esto, no logré hacer una conexión. La conexión la hice el día que visité el Olimpo. ¿El Olimpo?

Sí, ese es su nombre. ¿Acaso continúas tú también chocando con vocablos que alteran tu inicial percepción del mundo? Esa es la razón principal por la que viajo. Viajar me hizo darme cuenta que hay que vivir alterando las propias percepciones. Si no, te quedas con las gríngolas. Te pierdes el mundo.

Antes de entrar pensaba que “El Olimpo” era: “Cielo de los dioses griegos. Dioses paganos que el cristianismo eliminó o quiso eliminar para siempre.” Al salir, reconocí que también este “Olimpo” fue lugar de “paganos” que fueron eliminados o se trataron de eliminar teniendo por excusa los “ideales cristianos”. No te ofendas. Recuerda que la lengua es arbitraria.

Sí, arbitraria. Hasta los filósofos griegos se disputaron esto. De igual forma, los signos y también los ideales son arbitrarios. Cada quién y cada cuál, interpreta las cosas a su manera, según sus muy particulares necesidades. 

En argentino, una palta es lo que aguacate es en puertorriqueño. Aguacate es lo que en estadounidense es un avocado. El olimpo es en griego, cielo. Mientras que cerca de la Rivadavia porteña, olimpo es frío, temor, gritos mudos, pero a la vez también esperanza. Allí te recibe un buen tipo, que tiene una causa. Mantener vivos a Berner, a Mori, al amor de Isabel Cerruti y al poeta exiliado en Suiza. Quien a través de su poesía hizo eterno cada susurro, cada suspiro, cada mirada, cada migaja de pan que fue protegida casi al nivel de cautiverio para los compañeros más débiles. Poesía de la solidaridad, así se debió de llamar su antología poética.

Fueron todos ellos que al hablarme y acompañarme por los pasillos del Olimpo, me explicaron el porqué las madres y las abuelas de los pañuelos se reúnen en la de Mayo. 

¡30,000 compañeros desaparecidos, presentes! Eso es lo que veo desde las ventanas del Café Gran Victoria, mientras ahora sola, humedezco la media luna en mi café con leche.

Por: Tu mamá (verano, 2013)





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