lunes, 21 de abril de 2014

Baires


DUELO PORTEÑO

Como cuando el adicto rompe con el vicio,
así de dura es la preparación para el adiós.

Es intenso el proceso que se vive dentro.
Brotan las lágrimas en soledad,
mientras te miras al espejo
y tratas de capturar cada sentimiento provocado,
cada visión,
cada palabra que te impactó,
cada memoria de la cual fuiste participe,
cada conversación.

Es ardua preparación, porque es un duelo que solo
libras tú.

¡ADIÓS A LA VIDA PORTEÑA!

Debes decirle adiós al cuadro que te hizo compañía cada noche.
A la lámpara que alumbró tu relación de amor y odio con la vida en general.

Debes decir adiós a los señores del café,
a la compañera de casa,
al que te saludaba cada vez que entrabas a tu apart-hotel,
tu hogar.

Debes decir adiós
esta vez para siempre,
a la señora de la lavandería
que todas las mañanas estiraba su brazo por entre las rejas azules,
y te auguraba un buen día.

Adiós a las calles,
al miedo-seguridad que viviste mientras las caminabas,
al señor que dormía en su casa improvisada fuera del edifico abandonado
de la avenida Independencia.

Debes decir adiós y dar gracias a la vida porteña
por sus enseñanzas.

¡ADIÓS!

G. (verano, 2013) 



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