domingo, 4 de mayo de 2014

Sobre cultos


Existen dos tipos de cultos: el culto ignorante y el culto que sabe que ignora.
Siento gran admiración por el segundo culto.

El culto ignorante cree que por poseer algún dominio de la palabra,
es llamado a todos los bailes y es “invitado” a entrar en cada danza.

Ese mismo culto piensa que tiene el derecho de señalar a los que él se refiere como “incultos”. Incultos pobres de todo, que no conocen sus mismas palabras o que no leen sus mismos libros, o que simplemente, no piensan como él.

El culto ignorante muchas veces tiene una voz fuerte y potente. Una voz que siempre se quiere hacer escuchar. Una voz que siempre o casi siempre utiliza el pronombre personal “yo” o el posesivo “los míos”, en cada una de sus oraciones.

El culto ignorante, tantas veces y sin darse cuenta, demuestra su gran pobreza de autoestima y de espíritu. Lo muestra en el simple hecho de creerse superior a todos los demás seres, humanos o animales, por el mero hecho de “razonar” o por el mero hecho de sentirse que sabe más que los demás.

Este culto es ignorante, porque no acepta que ignora. También porque considera que la ignorancia es un estado/cualidad fija de los que ignoran. Al igual que algunos ricos consideran que la pobreza es un estado/cualidad fija e inmutable de los pobres.

¡Pobre culto ignorante!

Propongo que vayamos a un culto para pedir por este culto, que se cree planta cultivada con un lenguaje culto. Que se cree rey culto, cuyos súbditos incultos deben rendirle homenaje y pleitesías. Que no logra internalizar que existen tantas cosas que se pueden conocer, pero que nunca se logra conocer todo. Pero sobre todo, hagamos un culto por este culto ignorante que con sus acciones, aunque no con sus palabras, da a conocer su verdadero pensar… que la ignorancia es un mal eterno.

Hagamos un culto repleto de “incultos” para pedir por el GRAN INCULTO, el culto ignorante.

Amén.

G.

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