Existen dos tipos de cultos: el culto
ignorante y el culto que sabe que ignora.
Siento gran admiración por el segundo
culto.
El culto ignorante cree que por poseer
algún dominio de la palabra,
es llamado a todos los bailes y es
“invitado” a entrar en cada danza.
Ese mismo culto piensa que tiene el
derecho de señalar a los que él se refiere como “incultos”. Incultos pobres de
todo, que no conocen sus mismas palabras o que no leen sus mismos libros, o que
simplemente, no piensan como él.
El culto ignorante muchas veces tiene una
voz fuerte y potente. Una voz que siempre se quiere hacer escuchar. Una voz que
siempre o casi siempre utiliza el pronombre personal “yo” o el posesivo “los
míos”, en cada una de sus oraciones.
El culto ignorante, tantas veces y sin
darse cuenta, demuestra su gran pobreza de autoestima y de espíritu. Lo muestra
en el simple hecho de creerse superior a todos los demás seres, humanos o
animales, por el mero hecho de “razonar” o por el mero hecho de sentirse que
sabe más que los demás.
Este culto es ignorante, porque no acepta
que ignora. También porque considera que la ignorancia es un estado/cualidad
fija de los que ignoran. Al igual que algunos ricos consideran que la pobreza
es un estado/cualidad fija e inmutable de los pobres.
¡Pobre
culto ignorante!
Propongo que vayamos a un culto para
pedir por este culto, que se cree planta cultivada con un lenguaje culto. Que
se cree rey culto, cuyos súbditos incultos deben rendirle homenaje y pleitesías.
Que no logra internalizar que existen tantas cosas que se pueden conocer, pero
que nunca se logra conocer todo. Pero sobre todo, hagamos un culto por este culto
ignorante que con sus acciones, aunque no con sus palabras, da a conocer su
verdadero pensar… que la ignorancia es un mal eterno.
Hagamos un culto repleto de “incultos”
para pedir por el GRAN INCULTO, el culto ignorante.
Amén.

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